sábado, 23 de mayo de 2015

LA TEORIA DEL APEGO

La necesidad del bebé de estar próximo a su madre, de ser abrazado, protegido y cuidado ha sido estudiada científicamente.
El Psicólogo John Bowlby (1907-1990) realizó su trabajo de investigación sobre niños privados de la figura materna; esta investigación le condujo a formular la “Teoría del Apego”.
El Apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desenvolvimiento de su personalidad. La tesis fundamental de la Teoría del Apego es que la ansiedad, la seguridad o el temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y la capacidad de respuesta de su principal figura de afecto (generalmente es con la figura materna con la cual el bebé establece el vínculo).
El apego proporciona la seguridad emocional del niño: ser protegido y amado incondicionalmente. Este planteamiento también puede observarse en especies animales con las mismas consecuencias: la proximidad de la madre como base para la protección y continuidad de la especie.
El trabajo de Bowlby estuvo influenciado por el etólogo Konrad Lorenz, en sus estudios con gansos y patos en los años 1950, los cuales revelaron que las aves establecían un fuerte vínculo con la madre (teoría instintiva) sin que el alimento actuara como estímulo condicionante. Pero fue Harry Harlow (1905-1981) quien con sus experimentos determinó que es la necesidad universal de contacto, la condición decisiva para entender la teoría del apego, lo cual encaminó a Bowlby en la construcción de su teoría.
El bebé, según ésta teoría, nace con un repertorio de conductas, las cuales tienen la finalidad de producir respuestas en la madre y/o en el padre: la succión, la sonrisa, el balbuceo, la necesidad de ser acunado y el llanto, no son más que estrategias del bebé, por decirlo de alguna manera, para vincularse con sus papás. Con esto los bebés buscan mantener la proximidad con la figura de apego, evitan la separación y protestan si ésta se lleva a cabo (ansiedad de separación) y utilizan el apego como base de seguridad desde la cual exploran el mundo.
Más tarde, Mary Ainsworth (1913-1999) en su trabajo con niños en Uganda, recopiló una valiosa información sobre la relación madre-hijo y su influencia sobre la formación del apego. Esta investigadora encontró tres patrones principales de apego: niños de apego seguro que lloraban poco y se mostraban contentos cuando exploraban el ambiente en presencia de la madre; niños de apego inseguro, que lloraban frecuentemente, incluso cunado estaban en brazos de sus madres; y niños que parecían no mostrar apego ni conductas diferenciales hacia sus madres. Estos comportamientos dependían de la sensibilidad de la madre ante las peticiones del niño.
La Teoría del Apego tiene una relevancia universal, ya que se ha determinado que la importancia del contacto continúo con el bebé, los cuidados y la sensibilidad ante sus demandas, están presentes en todos los modelos de crianza derivados de los diferentes medios culturales.
Los estilos de apego se desarrollan tempranamente y se mantienen generalmente durante toda la vida, permitiendo la formación de un modelo interno que integra por un lado creencias acerca de sí mismo y de los demás, y por el otro, una serie de juicios que influyen en la formación y mantenimiento de las dinámicas relacionales durante toda la vida del individuo. Por esto resulta importante la figura del primer cuidador, generalmente la madre, ya que el tipo de relación que se establezca entre ésta y el niño será determinante en el estilo de apego que se desarrollará. No obstante, otras figuras significativas como el padre y los hermanos pasan a ocupar un lugar secundario y complementario, lo que permite establecer una jerarquía en cuanto a las figuras de apego.
Los tres elementos fundamentales del proceso de apego:
• Sintonía: la armonía entre el estado interno de los padres y el estado interno de los hijos suele ser alcanzada cuando unos y otros comparten de manera continúa las señales no verbales.
• Equilibrio: la sintonía con el estado de los padres permite a los hijos equilibrar sus propios estados corporales, emocionales y mentales.
• Coherencia: es el sentido de integración que alcanzan los niños cuando, en relación con los adultos, experimentan conexión interpersonal e integración interna.
Los tipos de Apego establecidos son los siguientes:
Apego Seguro: el apego seguro se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, lo que permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento basado en la confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias; y en el dominio interpersonal, tienden a ser más positivos, integrados y con perspectivas coherentes de sí mismos. Apego Ansioso: el apego ansioso se da cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible solo en ciertas ocasiones, lo que hace al individuo más propenso a la ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. No suelen tener expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores, debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es evidente un fuerte deseo de intimidad, pero a la vez una sensación de inseguridad respecto a los demás. Puede ser de dos tipos:
- Apego Ambivalente: responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, éstos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de los cuidadores.
- Apego Evitativo: el apego evitativo se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de experiencias pasadas de abandono.
- Apego Desorganizado/Desorientado: el cuidador, ante las señales del niño presenta respuestas desproporcionadas y/o inadecuadas, incluso, en su desesperación, al no poder calmar al niño, el cuidador entra en procesos de disociación. La conducta del adulto desorienta al niño, no le da seguridad y le genera ansiedad adicional.
La crianza con Apego (“Attachment Parenting”) es una frase acuñada por el pediatra norteamericano William Sears. Se trata de una filosofía de crianza basada en los principios de la teoría del apego.
De acuerdo a la teoría del apego, los bebés establecen un fuerte vínculo precursor de la seguridad y la empatía en las relaciones interpersonales en la edad adulta. Un inadecuado establecimiento de un vínculo seguro en la infancia puede conllevar a dificultades psicológicas.
La crianza con apego, propuesto originalmente por John Bowlby afirma que el niño tiene una tendencia a buscar la cercanía a otra persona y se siente seguro cuando esa persona está presente y es sensible a cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales. Bowlby había propuesto en 1951 la hipótesis de que la privación materna no sólo causaba depresión en la niñez, sino también hostilidad e incapacidad para establecer relaciones saludables en la vida adulta. Dentro de ésta teoría los niños están “diseñados” biológicamente para estar apegados a sus padres, no solo para satisfacer sus necesidades, sino porque son seres profundamente sociales.
Para la crianza con apego existen ocho principios fundamentales que promueven la vinculación segura entre los padres y el niño. Aunque ninguno de estos principios se derivan directamente de la investigación inicial, se presentan como prácticas de crianza que dan lugar a un vinculo seguro. Unos padres sensibles, coherentes en sus respuestas y disponibles emocionalmente, garantizan un sano establecimiento de la vinculación emocional:
1. Prepararse para el nacimiento del bebé.
2. Comprender y responder de forma sensible a las necesidades emocionales del niño.
3. Lactancia materna.
4. Cargar en brazos al bebé.
5. Compartir el sueño.
6. Evitar las separaciones frecuentes o prolongadas.
7. Usar la disciplina positiva.
8. Mantener una vida familiar estable.
Estos padres tratan de comprender las necesidades psicológicas de sus hijos, con la finalidad de no hacerse expectativas poco realistas de la conducta infantil. La disciplina para ésta filosofía toma en cuenta la edad del niño para evitar la frustración que se produce cuando se esperan cosas más allá de la capacidad del pequeño. Disciplina significa orientar a los niños, mostrarles las consecuencias naturales de sus actos, la escucha, el “modelamiento” y descarta los medios punitivos como un golpe o el “tiempo fuera”.
El dr. Sears sostiene que un bebé es mentalmente incapaz de manipular para conseguir la atención de sus padres.
La crianza con apego no significa que un niño no pueda por sí solo satisfacer sus necesidades, estará capacitado para ello en la medida en que sus padres sean sensibles cuando estas necesidades surgen. Estas necesidades hay que entenderlas en el tiempo, cómo surgen, cómo cambian, cuáles son sus circunstancias. Los padres beben ser flexibles e idear formas de responder a ellas adecuadamente, siempre bajo un clima amoroso y conciliador. Por ejemplo, el bebé que pide estar en brazos, simplemente lo necesita y no lo pide porque “es un mañoso”; si ésta necesidad está satisfecha, el bebé más adelante se sentirá seguro al comenzar la etapa del gateo, no pedirá tanto estar en brazos, pero surgirán otras necesidades acordes con su etapa evolutiva.
Los niños a los cuales se les cría con desapego, buscarán a lo largo de su vida otras formas de cubrir las necesidades, dando lugar lamentablemente a trastornos mentales.
La Química del Apego.
Las hormonas son las encargadas de regular los sistemas del cuerpo y ayudar al individuo a reaccionar frente al medio ambiente. Una de estas hormonas es el cortisol, producida por las glándulas suprarrenales. Una de sus funciones es ayudar e las personas a afrontar el estrés y hacer ajustes corporales para hacer frente a situaciones de peligro. Para que el cuerpo funcione adecuadamente debe haber un equilibrio en los niveles de cortisol; si hay muy poco el cuerpo se “apaga”; si hay mucho se convierte en angustia. El cortisol es una de las hormonas que desempeña un papel importante en las respuestas emocionales del individuo. Al revisar la calidad de apego entre madre e hijo, los investigadores han encontrado que el apego seguro mantiene al bebé en equilibrio emocional. Un vínculo inseguro, una respuesta inadecuada a las necesidades del bebé, acostumbra a éste a un bajo nivel hormonal, lo que lo mantiene apático o puede mantener constantemente estrés debido a la alta concentración hormonal en su organismo, traduciéndose en bebés angustiados. Generalmente el niño está en un estado hormonal que le proporciona bienestar y se esfuerza por mantener ese estado. Los científicos están confirmando que las mamás siempre han sabido que su presencia es importante para mantener la química hormonal del bebé.
No solo la crianza con apego proporciona un equilibrio químico en los bebés. También ayuda a la madre. El comportamiento materno, especialmente la lactancia materna, da lugar a un “torrente” de las hormonas prolactina y oxitocina. Estas hormonas ayudan a la mujer a tener sentimientos maternales. De hecho, puede decirse que son la base biológica de la intuición materna. Los niveles de prolactina aumentan de diez a veinte veces dentro de los 30 minutos después que comienza la lactancia materna; la mayor parte de ella se irá de nuevo dentro de una hora. La prolactina tiene una acción corta con la finalidad de obtener la respuesta de la madre de amamantar con frecuencia. Como dato curioso, la oxitocina es una de las hormonas implicadas en el enamoramiento adulto.
Criar con amor es lo mejor para los padres, hijos y la sociedad en general. Por algo ocurren aspectos fisiológicos relativos a la maternidad y la paternidad, que determinan comportamientos sociales. Las disciplinas biológica y psicológica lo saben muy bien.

Bibliografía: Vielma, Katterine; Vielma Carolina y Arismendi, Verónica. “Descubramos el Desarrollo de la Primera Infancia”. Material educativo-divulgativo de la corporación MD. Bogotá: 2014.

2 comentarios:

  1. Hola. La verdad es que me parece bien lo que propones en el blog. La verdad es que la Psicología es muy importante para la vida de las personas. Les dejo saludos a todos.

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